A pesar de que la mayoría de los seres humanos llevan una vida sedentaria con conductas motoras impuestas por los hábitos sociales, el cuerpo humano se las arregla para preservar sus funciones vitales poniendo en acción mecanismos fisiológicos reflejos como ser los bostezos, o la elevación de los hombros de manera espontánea.
Ya hemos dado varias buenas razones para emprender un programa de estiramientos funcionales, pero no he hablado del papel de los propioceptores.
El sistema propioceptivo está compuesto por receptores nerviosos que se encuentran en los músculos, articulaciones y ligamentos. Su función es la de detectar el movimiento y enviar la información al cerebro para que lo procese.
Los estiramientos despiertan estos mecanismos de propiocepción y los estudios neurofisiológicos demuestran que los datos captados por los propioceptores influyen hasta las bases neurofisiológicas de la conciencia, dado que los estiramientos permiten fijar e incribir partes y sensaciones inexploradas del propio cuerpo, actuando sobre el esquema que tenemos de éste, entrenando una conciencia más fina de las sensaciones.
Además cuando sufrimos una lesión o por el desgaste que otorga el paso del tiempo, el sistema propioceptivo se deteriora y al sujeto no le llega la información propioceptiva necesaria y en general vuelve a lesionarse o se produce el mal uso reiterado de una articulación con los riesgos que esto conlleva.
Otro motivo relevante para emprender un programa de estiramientos es luchar contra la degeneración funcional que se produce con la edad, a causa de una vida de malos hábitos posturales, tensiones acumuladas, bloqueos, inmovilidad etc.Los estiramientos previenen estas degeneraciones, haciendo que los músculos mantengan sus propiedaddes biológicas de elasticidad, tonicidad, fuerza, que las articulaciones sigan siendo funcionales y que el sistema nervioso siga en perfecta comunicación con el aparato locomotor, factores esenciales para la continuidad de la independencia y de la vida social del sujeto. |